Historia de Mariquina
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Preconquista
Al momento de la llegada de los españoles el espacio territorial que hoy ocupa la comuna de Mariquina era habitado por población mapuche-huilliche, la que, aún en la actualidad, designa a su territorio como Butahuillimapu, o “gran territorio del sur”, el que se extendía históricamente desde el río Toltén por el norte, hasta la isla de Chiloé, por el sur. Al interior de esta entidad territorial, según las crónicas, existían diversas sub-denominaciones geográficas o territoriales.
Algunos autores (Núñez 2006 y Marilaf 2005) han señalado que especialmente en esta época prehispánica, no existía la denominación de huilliche (como tampoco la de pikunche), debido a que el pueblo mapuche construye su espacialidad en un sentido este-oeste, desde el puel mapu (lugar donde sale el sol), hacia el lafken (mar), correspondiendo a los habitantes de la costa del océano la denominación de lafkenche. Los términos pikun y hilli, se utilizaban para señalar direcciones a partir de un punto de referencia cualquiera. Sin embargo, en la actualidad la población nativa asentada en el valle de la comuna se autodenomina como mapuche-huilliche mientras que aquellas comunidades que habitan en la zona costera se identifican como Lafkenche.
La población indígena asentada en el territorio que llamaban valle de Maricünga; es decir, lugar de los 10 linajes, se caracterizaba a la llegada de los españoles por desarrollar una economía basada preferentemente en la horticultura y la ganadería, probablemente de llamas o guanacos, con niveles de productividad significativos y a la vez desiguales entre unos y otros. Las crónicas describen sus viviendas como rukas de cuatro a seis puertas, alrededor de las cuales sembraban maíz, papas y quínoa, contando los grupos familiares con grandes masas de ganado. Complementaban su dieta con productos del mar, tanto en primavera como en verano, dedicándose a la pesca, la caza de lobos marinos o a la recolección de mariscos, accediendo a la costa de manera directa o bien, por el curso de los ríos y sendas taladas en los cerros (Vergara, 1993).
Núñez (2006) afirma que los antiguos nativos de la costa de Mariquina eran expertos navegantes en wampo (canoas de tronco) y dalka (canoa de tres o cinco tablas cocidas). Esta última, se utilizaba especialmente desde esta zona hacia el sur.
Ahora, el contacto con los hispanos se produce a partir de 1551, cuando durante la conquista, Pedro de Valdivia levantó su campo real en el valle, en espera de refuerzos del norte. En este período, fueron entregadas encomiendas del Bío-Bío hacia el sur, las que incluía población indígena obligada a servir en todo tipo de trabajo, en especial en las minas de oro, destacándose la Mina Madre de Dios, ubicada a 35 kilómetros de la actual capital comunal. Tras la ofensiva mapuche (1598-1602), que obligó al repliegue de los conquistadores al norte del río Bío-Bío, los contactos bélicos entre ambas fuerzas, españolas e indígenas, se concentraron en las fronteras norte y sur. Comienza así, en la zona de Valdivia, un periodo de aparente re-estabilización de la sociedad mapuche, a pesar de su disminución producto de la guerra, la muerte por los trabajos forzados y las epidemias.
Colonización
Durante los primeros años de la colonización la zona se mantiene en relativa calma, permitiendo que los asentamientos del sur sean utilizados para proveer de recursos humanos y materiales a las tropas ubicadas en la Araucanía. La llegada de corsarios y expediciones foráneas instó a los hispanos a un pacto de paz con los nativos que se concretó en 1641 con el parlamento de Quilín. La ciudad de Valdivia es reocupada por los españoles en 1645, a pesar de la resistencia mostrada por los mapuches, destacando el lonko del valle de Mariquina, llamado por los españoles "Manqueante", Cóndor del Sol.
En el año 1647 el Gobernador de la ciudad firma un tratado de paz con los lof (clanes familiares) de los alrededores de Valdivia, que viene a ampliar el radio de paz acordado en Quilín, desde el río Toltén hasta el río Bueno, dando inicio a un largo periodo de armonía normada por acuerdos que se ratificarán periódicamente.
Gabriel Guarda O.S.B. (1980) señala que después de las paces de 1647 los mapuche "entraban y salían de Valdivia con familiaridad (...), no se desembarazaba el cuartel de indios que venían todos los días con sus canoas por el río a comerciar y vender carneros, gallinas, puercos, papas, maíz y las demás legumbres y frutos de la tierra". Estas redes de comercio se fueron intensificando a medida que la ciudad de Valdivia fue creciendo, hasta llegar a la época de auge económico posterior a la colonización alemana, donde llegó a haber una dependencia económica respecto a la ciudad. Así, la población lafkenche formó parte importante de esta cadena económica, debido al alto valor de los productos del mar y bosques nativos costeros (Núñez, 2006). En este período, entre los años 1649 y 1650, es interesante señalar que se levanta en Mariquina un pequeño fuerte denominado “El castillo Luis del Alba de Las Luces”, producto de la avanzada valdiviana de la frontera.
En 1645 llegan los jesuitas al territorio donde permanecen hasta 1683 trasladándose a Toltén Bajo, desde donde desarrollan su empresa evangelizadora. En el año 1752 vuelven a instalarse en Mariquina y fundan una escuela y una residencia misional hasta que son expulsados en 1767 por orden de la corona española. Luego llegarían al territorio otras órdenes religiosas como los franciscanos, capuchinos italianos y finalmente capuchinos alemanes.
Entre los años 1860 y 1883 el Estado de Chile se apodera militarmente del territorio mapuche, proceso que culmina con la refundación de ciudades como Villarrica e Imperial, y la instalación de nuevos centros poblacionales a partir de fuertes militares, como en el caso de Temuco y Toltén. El fuerte de Toltén se estableció en 1867, y el de Queule al año siguiente. Luego, en 1881, ocurre un malon (ataque sorpresivo) general mapuche, donde se involucran los lof desde el puel Mapu (lugar desde donde sale el sol) hasta el lafken mapu (tierra del mar). No obstante, este proceso de detiene en 1882 con la denominada Pacificación de la Araucanía. Durante este período es pertinente relevar la figura del llamado Rey de la Araucanía, Orelie Antoine I, dado que es en Mariquina y más precisamente en Mehuín, donde convence a los lonkos del lugar para que lo proclamen rey, creando un ministerio con caciques de la región de la costa y nombrando a Quilapán como primer ministro en 1860.
Finalmente, el pueblo de San José de la Mariquina es formalmente constituido por decreto en 1850, durante la presidencia de Manuel Bulnes y, en 1894 se constituye formal y administrativamente como territorio comunal, asumiendo como su primer alcalde Clodomiro Cornuy Molina.
Tenencia de la tierra
A partir del año 1795 se comienza a establecer en la provincia de Valdivia la propiedad hacendal. Al finalizar la colonia, los españoles se apropiaron de la totalidad de los llanos existentes al norte del río Bueno, comenzando la expansión hacia el sector del río Calle-Calle y Mariquina. Posteriormente, al sur del río Bueno, se establecen las haciendas de El Pilar, Cateu, Quilacahuin, El Roble, Bella Vista, Curaco, Conta y Chan Chán.
Tras la Independencia, hasta mediados de la década de 1820, se intensifica el proceso de compras de tierras a indígenas, acrecentada por la desregulación de las ventas de propiedad indígena.
En Mariquina, la etapa de instalación de particulares se consolida con fuerza hacia la mitad del siglo XIX con el inicio de la migración alemana promovida por el Estado y guiada por Wilheim Frick, quien mensuró las tierras fiscales para la colonización, a pesar de que en muchos casos existían antecedentes suficientes para afirmar que en aquellos territorios vivían indígenas (Núñez 2006).
Respecto a la comisión radicadora indígena, ésta interviene en el territorio, entregando títulos de merced en la comuna de Mariquina entre los años 1914 y 1917, concediendo un total de 57 títulos. Al respecto, Núñez (2006) advierte que desde Bonifacio al norte se radicó con títulos de merced comunitarios, mientras que de Bonifacio al sur, estos títulos fueron entregados a cada unidad familiar.
La propiedad mapuche en este espacio territorial se fue conformando a lo largo del siglo XX no sólo mediante la entrega de títulos de merced, los que fueron más bien minoritarios, sino también y sobre todo, mediante la entrega de títulos gratuitos del Ministerio de Tierras y Colonización en el marco de la Ley de Propiedad Austral a partir del año 1931. Vergara et al (1996), ha señalado los primitivos ocupantes de esta zona fueron progresiva y rápidamente empujados hacia los sectores montañosos de la provincia. Es así como los sectores de mayor concentración de la población indígena en la provincia están ubicados en las zonas precordilleranas de Panguipulli y Lago Ranco, en los cordones montañosos que cruzan el valle central de este a oeste como el cordón de Peñehue – donde se ubican todas las comunidades de la zona de Lanco - y en los faldeos orientales y occidentales de la cordillera de la costa. Esta condición de “arrinconados” a la que las comunidades de la zona costera de la provincia de Valdivia responden con notable propiedad, se constituye en una de las trabas más difíciles de su devenir histórico (Vergara et al, 1996:198).
Bajo este contexto, en la Reforma Agraria, se registraron en la comuna tomas de terrenos lideradas por indígenas, específicamente de los fundos Rime, Dollinco, de 251 hectáreas, de propiedad de Juan Kunnslemann, y del fundo Dollinco, de 900 hectáreas de la Sucesión Manns, ocupado por diversos grupos en períodos distintos, quienes aducen como causa de la acción, “... el abandono en que se encuentran estas tierras... ” (Vergara et al, 1996).
El Decreto Ley 2.568 estableció mecanismos definidos, con recursos del Estado, para la división de las reservas indígenas y la asignación de hijuelas resultantes a propietarios individuales. El proceso de subdivisión llevado a cabo desde 1979, legitima en forma definitiva a los propietarios particulares que habían expropiado las tierras mapuche - huilliche, tanto las reduccionales, como las tierras de uso ancestral que no habían sido reconocidas como tales. En Valdivia, entre 1979 y 1986 habrían sido divididas 305 de las 477 reservas formadas en la radicación, las cuales se transformaron en 4.848 hijuelas individuales o familiares.
Tras la promulgación en 1993 de la Ley Indígena Nº 19.253, se ha avanzado en el reconocimiento de tierras indígenas por medio de la proveniencia de títulos de comisario, de merced, cesiones gratuitas, regulaciones, entregas o asignaciones gratuitas por parte del Estado y las inscritas en el Registro de Tierras Indígenas del beneficio de las Leyes Nº 15.020 y Nº 16.640, específicamente ubicadas en las Regiones dl Bíobío, de La Araucanía y la antigua región de Los Lagos.
Referencias
- Estudio de Impacto Ambiental "Sistema de Conducción y Descarga al mar de Efluentes Tratados de Planta valdivia"
- Austral Los Ríos, 12 de diciembre de 2004. Relato histórico por Hugo Urquejo C