El oro de Valdivia en el siglo XVI

De Wiki Los Rios

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En siglo XVI, el siglo de la conquista, todo el oro que salía de la ciudad de Valdivia era conocido como "Oro de Valdivia" pues ahí estaba la marca real. Pedro Mariño de Lobera al referirse a Villarrica dice que “por estar cerca de la ciudad de Valdivia se llama oro de Valdivia […] y así vemos cuan nombrado es el oro de Valdivia, por ser el mejor que se saca en todo el reino de Chile”: a lo menos desde 1563 se transa en Lima “ oro fundido y marcado de Valdivia” y en la Relación de lo sucedido en Chile, de Jerónimo Serrano, sobre el desastre de Curalaba, se alude a la pérdida de “7.000 pesos de oro de Valdivia que traía el Gobernador suyos”. Las fuentes insistirán en la riqueza aurífera de la propia ciudad, no sólo en las afamadas minas de Madre de Dios, sino en todo su ámbito geográfico: el sector del río llamado El Palillo deriva su nombre de una barrita cilíndrica encontrada allí en el XVI; hacia 1860 serán reconocidas por Paul Treutler antiguas minas en Punucapa, Quitacalzón y Mancera; en 1867, por Vidal Gormaz, las de los ríos Santa María y Futa, encontrando en el primero “canales que aun se conservan bien, aunque interrumpidos por los troncos de los corpulentos árboles”; Ignacio Domeyko reconocerá antiguos lavaderos en los ríos Angachilla y Calle Calle, incluso en la Cuesta Soto, contigua a la ciudad, expresando el ingeniero Manuel Olaguer Feliú, en 1797, que “la misma Plaza de Valdivia está cubierta de una capa de oro; yo he visto del polvo de cualquiera de sus calles extraerle, pero en tan poca cantidad, que para adquirir una onza se necesitan gastar cuatro”.

El gran yacimiento valdiviano se encontraba en las fuentes del río Pichoy, a 12 leguas al norte de la ciudad y dos de la Mariquina; su descubrimiento ocurre a fines de 1560 o principios de 1561, poco antes del regreso de don García al Perú; Góndola Marmolejo dice que “fue Dios servido se descubriesen las minas de Valdivia, por extremo ricas, que dellas unas y otras se ha sacado en catorce años grandísimo número de pesos de oro”; en la Relación de servicios que hará el propio don García concluye diciendo “ de manera que de la más despoblada y perdida tierra que había se ha hecho una de las mejores e más ricas de las Indias y de que más oro e quintos se dan a S. M.”

El metal extraído era llevado a la real caja para deducir los derechos de la corona, se funde y marca; una cédula de 1554, había determinado por cinco años el cobro del sesmo de oro, al cabo de los cuales se cobrarían un noveno, “e ansí descendiendo en cada un año hasta llegar al quinto”; siendo éste el nombre con que se conoce aquel derecho, que equivale al 20% del metal extraído. La marca se guarda en la caja real y a la fundición debe asistir el factor con los dueños del oro, asentándose en un libro la cantidad que se metía.

Holandeses en Valdivia

Abandonada desde 1599, en 1643 el cacique de la Mariquina, ofrece a los holandeses revelarles su sitio, obsequiándoles una barretilla; en 1797 Tomás O´Higgins reconoce sus vestigios, en tanto que Rodriquez Ballesteros explicará que Pumillahue quiere decir tierra de oro, llamado por los españoles Madre de Dios, en cuyo cerro “hay varias bocaminas zanjadas, de antiguos artificios”.

Calidad y marca

En cuanto a su calidad, se afirma haber sido ”el más fino oro que se conoce, porque se graduó bruto y como sale de la mina en veinte y tres quilates y dos granos”. En las transacciones se gradúa en 221/2; o con más exactitud, según información de 1580, que no se paga a razón de 221/2 quilates, sino “de la forma y manera que el oro sale de la tierra, y que unas veces era de dieciséis, dieciocho, diecinueve y veinte quilates, y la de Coquimbo era de veinte y medio y veintiún quilates, salvo el oro de Valdivia que sube de veintidós quilates y medio”.

El descubrimiento de un tesoro, en 1746, permitio conocer detalles de la marca del siglo XVI, pues se precisa en su inventario “que ninguno de los barretones dichos se les puede entender en qué año fueron quintados y sólo se reconoce bien que en el centro tiene cada sello una B grande, a que se sigue una figura, o torre, o ciudad, y ésta una A”; tan interesante testimonio confirma que al marcar se estampaba el año, siendo la marca propiamente tal el escudo de la ciudad -la “torre o ciudad”- insertado sentro de su mismo nombre: B [ALDIVI] A

Según el estilo usual de las marcas y cecas de la época; el técnico que examina estas piezas en 1746 gradúa su ley en 21 quilates. Los protocolos notariales de Lima, Santiago, y otras ciudades, conservan incontables transacciones hechas con este oro, identificado por aquella marca, agregándose aclaraciones adicionales.

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